jueves, 3 de septiembre de 2015

Parábola de la flor venenosa

Me vigila esta expresión somera que vísteme en acorde sinfonía y me tiende, tal lagarto perplejo, sobre la tierra húmeda, y quédome quieto, tratando de que el silencio mantenga guardada la motivación que me embarga. Veo el variopinto que fulge entre las demás especies, todas otras flores de despampanantes colores, cuyo romanticismo trazó líricas en el trajín humano y que les embriaga cuanto puede esa razón de la que vanaglórianse ... pérfidos humanos y estúpidas otras flores ... esa variedad congénita en lo que nos pertenece como familia, perfecta diagramación cromática sobre la faz decadente del nuevo mundo, veo que sigue tan de pie como en el amanecer del primer contacto con el hombre. ¡Idiotas suicidas todas!

Delirio en plena conciencia me propuse, y estar en constante vela, mas extasiado, es todo lo que atáñeme.

Se plantan erguidas, firmes y brillantes, como si confiasen ciegas en que de metal perfecto sus tallos son, y ni siquiera lidiar con el viento pueden. Arrímanse las unas tras las otras, en filas y columnas, disponiendo en una irreal consecuencia orgánica el patético devenir de seres efímeros. Estas otras flores se revuelcan en la tierra e inyectan sus patas tiernas, empotrándose en su asilo personal. Vienen cargadas en moléculas aéreas, recorriendo la existencia visible y aún con todo, se subyugan. Miran el horizonte porque necesitan divisar a su captor, y se alegran. ¿Quién recoge la flor? ¿Es el más valiente o acaso el más cobarde? El que sábese poderoso, pues en el control de todo define su validez, o el débil que reafirma su endeblez, despotricando rabioso contra la naturaleza circundante, segando con el ceño fruncido el cultivo y el pequeño ganado. ¡Y estas cambiaformas piensan que aquello es relevante! ¡Ínfimas!

Si ha de troncharte la vida quienquiera lo haya planteado de tal guisa, ni su causa ni su destino son piezas transversales en lo que debiera ser nuestro inmejorable tribunal.


Que ni mal quisiese para ellas, aunque dilatadas sus emociones y sus cuerpos tienen, aún así y no de otra forma puedo yo enculpar el sufrimiento que se inflige en la propia dirección. No absuelvo el compromiso que propusieron ni nada menos, ni la tomo como exhumación a la culpa tal si el desbordante arrollar de su idiotez fuera azaroso. Se les hinchan los pétalos en cuanto sienten al toqueteo del opresor y luego, en un destello fulminante, desaparece la sensación que las tenía ebrias, transformando ese placer iluso en ineludible muerte.

Es pues tal cosa que me apoderé del veneno y envuélvome en la malla orgánica de no otro motivo que la protección mía. Supervivencia. Que mi existencia se enfrente en calma frente al ataque, que cuando no me vean no siéntanme peligroso. Yo estoy siendo simplemente el que espera inmóvil y en paz.

domingo, 30 de agosto de 2015

travesía 2015-08-30

Fuego de vana intención


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- Vienes y te presentas envuelta en remolinos dramáticos. Cuentas el uno, el dos y el tres, y luego vuelves a contar y nos damos cuentas que la turbulencia emerge en ciclos. ¡Restos volátiles de aromas de la calle y papel te siguen, contorneando la figura que eres! Pones piedras derredor y las frases vergonzosas que trajiste las sueltas como ramas secas, en torno a un perfecto círculo en el exacto centro, y prendes el fuego. Te quemas y contigo los lamentos anteriores, ¡que cada dicho que anunciamos como resuelto se desprenda de esa irreal verdad! ¿Acaso todo fue fantasía? Hubo una copa de garboso vino brindada sobre una igual de elegante velada; ahí se concretó en mí la peor de las confianzas. Levanté una voluntad desperdigada bajo cielos negros, en pedazos nada solados, oscuros, sin forma aparente, ni presente ni anterior. Porque me quité la propia resonancia, el vínculo concreto entre mi mente y el cuerpo, y así poder lidiar con la clase de tristes retraimientos que son estos. ¿Acaso me sorprendo? ¿O es sino el mismo propio lamento, aquella latente disipación del compromiso que tengo con la razón mía, con mi intelecto? Me desembargo de mi mente en cuanto enfrente la biología tuya.
- No me ofendo. En épocas triviales, la desdicha se hubo de acomodar mejor, y entre velos y cojines rosas suspiré y tomé más aire limpio que nunca. Ahora que cautivo en desdén te veo, traigo una propuesta nueva. No es el eslabón de otro ciclo, hay un absoluto acuerdo en ello... dentro de mi cabeza... pero prometo a ti y la vida que no es otra de aquellas.
- Es la repetición perversa que se yergue antes de todos los ocasos, y que vimos solapada siempre en cada amanecer, esos de ambos. No es nada nuevo.
- Prometo novedad en esta prédica, yo ...
- Una incursión al aparato cósmico es menos inverosímil. ¿Recuerdas un zanje eficiente? No hemos logrado acuerdo alguno en ninguna premisa pasada, y ahora no será uno de esos asombros nuevos que nos ponen juveniles a nosotros los viejos. ¿Ves el fuego, cierto? Es el mismo fulgor que conocemos en perfecta memoria, no hay borrosos recuerdos, todo es claro en él. Hay números recorriéndole y los recitamos con ritmo angelical. Bueno, a ese fuego me estás pidiendo cubrir, encubrir, tapar con adoración pútrida y olvido inmediato. Sigues quemándote y mientras, con una sonrisa de teatro griego, me pides que cubra el fuego con mis manos, aún sabiendo que las tengo desnudas y que son éstas sólo cenizas pegadas, entre ellas, con la poca carne emocional que va quedándome. Te equivocas linealmente desde que haces aparecer la pregunta, pues crees que se puede denotar una culpa compartida, mas hoy cargo sobre los ojos el lente de la total sobriedad. Hoy no voy a partir la carrera en falso.
"

jueves, 27 de agosto de 2015

travesía 2015-08-27

A un amor encadenado te pusiste
en reflejo tenue viéronte los de afuera
que quizás te ibas, mas permaneciste
una luz roja encendió cada momento
                              desde ahí

Patrullabas el sendero que dejaron las historias
que viviste , que sufriste , que tramaste y fallaron
un puño de relatos , una mano apretada sangrante
alcanza para denotar la ineficiencia
                               pero te quedaste ahí

Dos únicos delicados amaneceres
viviste en pasión , oh idiota
el otro tiempo fuiste materia muerta
el desecho retornable de una voluntad agria
                      aún así permaneciste ahí

En este hora de poca luz y demencia
a este momento ha llegado la reflexión vivaz
pues entretejiste condiciones propias
que recién crepuscular pudiste acallar
                  venciendo, desde acá

martes, 25 de agosto de 2015

travesía 2015-08-25

Una sonrisa envuelta en adorable aroma
tal el que pertenécele al agua , propio y puro
viento delgado corre sobre rojos labios
la curva perfecta que denota al final , y me duermo.

Aparece aquel sueño en líneas violetas
perfecta apariencia de cristal la que te cubre
sólidos diáfanos licuándose en tu regazo
un bello canto de cortejo para mi boca , y lo cojo.

En el ocaso de esta noche de lluvia
entre melancolía soñera y ritmo acuoso
el vaso , hielo geométrico , el fluido dorado
son todos ángeles cantores
que entre sueños vívidos y tenues trazas de colores
llaman la primavera apresurados , ponen calor
golpeando con furia gutural al frío
llevándome flexible a la losa.       Adiós   .

lunes, 24 de agosto de 2015

travesía 2015-08-24

Tal insípido amanecer álzase hoy, recorriendo de trecho a trecho entre cordillera y mar, sin colores y sin brisas, penetrando la densa rutina del puerto. Al recostarse insinúa un desdén cromático y sin apuro retira una promesa implícita, percudiendo, alienando todas las miradas envueltas, mintiendo y maltratando hasta dejar sumisas las conductas humanas de quienes fe le tuvieron. No tiene cause, sólo degrádase en grises tonos, perenne, violento, opresor.
Un domo de nubes pasajero se deja caer desde las aguas; empótrase fuerte desde el borde hasta el comienzo de los picos llenos de cuadraditos de colores, pasando a llevar las faldas gruesas y fermentando niebla en las quebradas. Un hálito húmedo, gran peso traen esos globos en el cielo, atentos pues perecederos se saben son. El suave destello superior de luces cálidas apenas toca la superficie, simplemente se presenta delineando el dibujo expuesto.

Cálida y vertiginosa, te apareces
montada sobre cuerdas de viento
bramantes de fino hilo
hilos del aire y mar agitado

Pues torpes tratan de erguirse las figuras de hombres
diagonales en contra de la arremetida tuya
quisiste embestir y en contra tuya se pusieron
con cano viento volviste pálidos a tus contrincantes

Y al sol vencieron
doce guerreros de vapor y agua
un tumulto opaco
una lluvia como promesa

Abro la compuerta y tomo el cáliz en ambas manos, las que desnudé especialmente para ver correr en deltas horizontales al rojo vino, cual incorporado néctar, recorrer el cuerpo que me contiene, junto a la lluvia. Agua rojiza pudiendo hacerme ver blando, en tonos púrpuras marca la piel, no hay grietas, pues no le permití ni a la imprudencia ni a la edad marcarme de manera despectiva.

Indómito se yergue el ventarrón
animal sin montura alguna , nunca
que cruza , que deviene en mutación aérea
desde el firmamento, mal recibido

Artefactos de cruces plásticas y metal
quiméricas telas como escudos desalmados
- nimiedades -
ni más te presentas vuelcan su valor, ocultándose
hijos de alguien todos , voluntades
que del agua hicieron temor
denotaron malos como tragedia al viento

Yo te recibo
aunque me tome por dentro el catarro
mirándote de frente , hacia arriba
entre fijaciones ridículas y paz.

viernes, 21 de agosto de 2015

travesía 2015-08-21

Últimamente sólo te he impuesto relatos aleatorios de una imaginación enajenada por metales y plásticos, la razón del hombre adulto alterada mediante el aroma del humo que produce la madera quemada. Es porque han sido días fríos, calculados y sin matices. Esta semana no he conocido, aún, a nadie que me impulse a compartir un cigarro y la caída del sol luego de la jornada.
Hoy no será la excepción, hoy voy a tomar presencia acá mediante otro cuento que se vaya inventando junto a conversaciones por teléfono, la revisión del correo y el incesante dibujo digital.

Prístina


Va pasando a través de la ciudad entre calles poco recurridas. No quiere ser vista, prefiere la sorpresa; saltar sobre el condenado o condenada en un acto del azar, un movimiento imbuido en temor; nerviosos todos los que saben pueden ser abordados por ella.
Es temprano por la mañana, van apenas dos o tres horas de sol. Del cielo se apoderaron grandes nubes oscuras la madrugada anterior, y entre distintos tonos de grises se cuelan cobardes delgados brazos de luz. No se avistan aves surcando la altura, aún cuando el viento que se cuela entre edificios es rápido y fuerte; su poder hiende duro en los pocos caminantes de la ciudad, la brisa es una marejada sin agua y en la costa conocen el poderío de las ráfagas que nacen en el océano y que no mueren siquiera al alcanzar aquellos cerros de colores. Todo lo que sucede es vaticinio de nada bueno.
Ella se dispersa con gracia, ante un obturador regular su cuerpo pareciera multiplicarse. Controla el vínculo entre sus moléculas, se desliza suavemente entre los hilos de aire, en partículas transparentes. Se deja ver entre tanto, mas en la amplitud del tiempo, su estancia aunque sublime, es invisible. Nadie decide su encuentro sino ella.
Nunca toma forma humana, a no ser que por un mínimo error de cálculo -es el legado por haber vivido alguna vez entre los dioses del hombre- sea estricta una presentación elegante y delicada frente a la presa. Nadie puede sentir y hacerse noción de que se enfrentó a ella, no pueden haber recuerdos sensibles que lleguen a presentar en realidad su existencia. La memoria de estas criaturas podría ser intervenida por alguna autoridad superior, tal vez uno de esos miles de dioses que los hombres mataron durante su historia u otro de esos tantos seres extraatmosféricos que mencionan de cuando en vez en los medios; ella no puede arriesgarse a nada. Entonces cuando algo así sucede, adopta la forma del humano preciso (indaga en el inconsciente de la víctima y busca la figura adecuada, teniendo presente todas las variables a considerar, como ubicación geográfica, presencia en el tiempo, posibilidad de habitabilidad y/o cualificación psicosocial del momento) y luego, tal mucama nueva, arregla una situación serena y coloquial, como sueño vívido, donde la persona-víctima no logrará siquiera pensar en la ficción.
Pero eso ha pasado tres veces en dos mil cuatrocientos años. Ella corrompe con precisión neuromecánica, la tolerancia de no éxito es ínfima, impropia, casi como si fuera parte del segmento de la parábola que roza pero nunca toca el cero. A escalas infinitesimales, tanto como la muerte, ella es ineludible.

Ella es el mesías original del Caos.

Se suelta, hace de sus miembros extensiones sin borde. Procura elevar el manto bajo su rostro sino a la mayor altura posible. Lanza la red, son millones de disparos mentales cayendo como ráfaga de metal y fuego. Invisibles, todas las premisas enviadas se cuelan entre pensamientos, ideas y reflexiones. Caen afiladas lanzas entre circuitos cognitivos, el dolor diario comienza a germinar, no hay medicamento que alivie la realidad habitual.

Aquel que fue alcanzado por algún impacto frunce el ceño, vuelve a recordar que ya está muerto y que no tiene relevancia alguna el plan programado para hoy. Suelta el esfuerzo que lleva cargado en su cuerpo y se detiene dos a tres segundos. En silencio mira al cielo y en su cabeza ocurre poesía que no podrá plasmar. Cierra los ojos, las tres mismas frases de siempre. "Es la rutina, no somos nada, un día menos en este infierno". Como si no hubiera pasado continúa con su travesía, cargando sobre la testa el remordimiento finito de la existencia humana.

jueves, 20 de agosto de 2015

travesía 2015-08-20

-¡Un unicornio!, un cebo grueso, una postal escrita con tinta blanca. ¡Un pedazo de carne mágica!

"Sofista metamágico" lo llamaban los otros. Procuraban hacerlo siempre a sus espaldas, pues aún sabiéndose reyes de la razón, miedo albergaban por el confuso rechinar de sus dientes y la velocidad exagerada con la que movía los dedos. De cualquier forma tenían temor a que, no sabrían cómo, realmente pudiera expulsar esa magia desde la boca, aunque fuera el más mínimo destello de probabilidad aplicable. No, ni siquiera, aseguraban con reflexiones naturales, mientras levantaban la barbilla, de la universal imposibilidad en cuanto a aquello; era horror infantil en teoría simple, evocaciones de épocas reprimidas, recuerdos fatuos de la oscuridad que los ponía a llorar de niños, empotrados y temblorosos en las esquinas de altas habitaciones frías. El gótico edificio que albergaba al internado carecía de la rosa cromática y la temperatura adecuada para la educación juvenil, incluso para el desarrollo humano. Decían (pues les dijeron esto al principio) que tenían la protección del dios intelectual y el sentido común, y con eso alimentaban a la enjuta bestia que les pertenecía internamente. Su pilar fundamental no era más que ese. Los establecimientos educativos del s.XXII eran bastante especiales, castrenses aunque promulgaban la perfecta paz. Ni distaban mucho del modelo anticuado y antiadecuado (así lo llamaban ellos) que proliferaba hacía cinco siglos atrás y que tanto más reprobaban poderosamente, aún cuando en su lema descansaba escrita la absolución de todas las emociones negativas.

-Debe ser oprimido, otra consecuencia es fútil. No hay remedios probables, es el claustro o seguir desesperándonos con su esquizofrénica letanía.
-No podemos oprimir a nadie ni nada de ese nadie.
-Reprimir. Detener con silencio.
-¿Forzado? No lo dices, mas es lo único que se presenta viable. Para nada plausible.
-Forzado, claro. Silencio resultado de la fuerza, nuestra razón ni lo roza, menos lo va a mover. Perdió el sentido común de su intelecto quizás cuándo, ya nadie recuerda la primera verborrea.
-Yo no la recuerdo.
-Yo no la recuerdo.
-Yo no la recuerdo...- Y así diez y seis personas distintas, todas embutidas dentro de un largo hábito anaranjado con líneas negras verticales desde la cabeza a la cintura, ordenados sin intención aparente según su experiencia/tiempo en la escuela, los más veteranos cerca del metamago y el resto hacia atrás.
-A mi nada más se me ocurre, no hay otra idea conjugándose en mi cabeza. Requiero unanimidad, sería terrible pensar siquiera en ejecutar con alguno o algunos de ustedes en contradicción. Yo hoy tomo voto de silencio, esperaré al alba por la razón ganándose sus voluntades. Me confino voluntariamente 10 horas desde ésta, que el sol que nacerá mañana nos reúna en plena sabiduría.

Quedóse mudo y con él todo el resto. Al sofista lo seguían escuchando pero sin prestarle atención. Hubo dispersión total y luego nadie habló con nadie, todos completamente ensimismados en instancias de reflexión esa tarde y descanso mental habría en la noche.

-¡Dos puentes de gas rojo con encajes de animales salvajes! Mi vida expuesta en un circo, traumas colgando desde la soga más alta y mi virilidad expulsada con rabia desde el cañón, metida a la fuerza en el casco del hombre bala. ¡Tres elefantes aplaudiendo mi espectáculo!

Inevitable, por sobre el cordel rocoso y completamente desnudo, el sol asómase en plan conquista. "Hoy toda esta tierra será mía, otra vez, por horas y horas". Quienes rezaron toda la noche por una noche infinita fueron derrotados, y los que aparecían sólo con las tinieblas, erguidos y funestos por sobre sus sombras, fueron encorvándose y gimiendo por una tregua de mediodía. El vino y la poca vergüenza se desvanecían por completo con las apariciones lumínicas entre las grietas de las paredes, cada borracho giraba lentamente sobre su trozo de papel y suelo, tratando de encontrar un par de horas más de madrugada. Obligatorio; el triunfo de la estrella se repitió otro día más.
Y así también se supo entre el metamago y sus jueces.
La luz entraba en ondas suaves por la ventana más alta de la habitación, misma pieza donde se comulgó una idea de quiebre para con aquel mago argüidor. Las solapas se dejaron caer sobre los brazos, todas las capuchas se estiraban en pliegues sobre todas las espaldas. Un silencio gobernó el espacio por varios minutos. Era el rito, ni nervio ni confusión había. Tal como el sol, de aquellos hombres tan sólo brotaba claridad.

-¡Cinco notas arrancan asustadas de mi laud! Hice una canción para ustedes mientras dormía, tiene acordes que les romperían los oídos a los gigantes de piedra. La letra yace derramada sobre el manto sagrado de todos los ángeles muertos en todos los museos que conocen, son trazas de sangre las que arman las palabras y las oraciones y mis enojos. No la cantaré, nadie lo mereció. ¡Ocho puntos cósmicos sobre mi delantal! ... ¡Trece es el número de la magia que armé, es el número donde nos cruzábamos y fuimos eternos por separado!

Se pasaban un trozo de buen papel, de izquierda a derecha; cada uno leía lo anterior y correspondía el mensaje escribiendo una palabra. Todas las palabras eran la misma palabra. Luego de la última escrita, envuelto se devolvía el rollo blanco, cilíndrico perfecto, limpio, portando una verdad que será ocultada en fuego posteriormente.
Entonces se oyó: -Que lo que acá se comulgue acá se defienda y acá se comprima a la absoluta discreción. Lo que todos hemos prometido todos hemos de proteger. Que lo que ahora suceda inmediatamente luego se calle. Con fuego-
-Con fuego.
-Con fuego.
-Con fuego... - Y así diez y seis personas distintas repitieron lo mismo.

Apenas se sintieron los movimientos ejecutados. Para el mundo fuera de la gran puerta que tenían a sus espaldas, no hubo evento especial. El sol no había alcanzado todavía un grado más en su curvatura. Tan sutil, que dos pequeños pájaros azules posados sobre el pilar de la ventana entreabierta ni siquiera pusieron atención, y todos sabemos que aquellas criaturas huyen apenas les miras las patas. En el círculo de hombres que se conformó perimetralmente, uno podía decir que sólo había quietud y podía adivinar que nada sucedía en el interior de su diámetro. Para el dios del intelecto y el sentido común, aquel sólo había sido un concilio de un minuto.

-Nadie recordó la primera pendejada ni nadie tampoco la última.
Siguió entrando luz del sol como siempre, la mañana se instaló habitualmente en el recinto. Entre quienes sabían y quienes no, nadie podía notar diferencias.
La ejecución casi romántica, aparentemente la apología final al éxito de la razón.