domingo, 30 de agosto de 2015

travesía 2015-08-30

Fuego de vana intención


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- Vienes y te presentas envuelta en remolinos dramáticos. Cuentas el uno, el dos y el tres, y luego vuelves a contar y nos damos cuentas que la turbulencia emerge en ciclos. ¡Restos volátiles de aromas de la calle y papel te siguen, contorneando la figura que eres! Pones piedras derredor y las frases vergonzosas que trajiste las sueltas como ramas secas, en torno a un perfecto círculo en el exacto centro, y prendes el fuego. Te quemas y contigo los lamentos anteriores, ¡que cada dicho que anunciamos como resuelto se desprenda de esa irreal verdad! ¿Acaso todo fue fantasía? Hubo una copa de garboso vino brindada sobre una igual de elegante velada; ahí se concretó en mí la peor de las confianzas. Levanté una voluntad desperdigada bajo cielos negros, en pedazos nada solados, oscuros, sin forma aparente, ni presente ni anterior. Porque me quité la propia resonancia, el vínculo concreto entre mi mente y el cuerpo, y así poder lidiar con la clase de tristes retraimientos que son estos. ¿Acaso me sorprendo? ¿O es sino el mismo propio lamento, aquella latente disipación del compromiso que tengo con la razón mía, con mi intelecto? Me desembargo de mi mente en cuanto enfrente la biología tuya.
- No me ofendo. En épocas triviales, la desdicha se hubo de acomodar mejor, y entre velos y cojines rosas suspiré y tomé más aire limpio que nunca. Ahora que cautivo en desdén te veo, traigo una propuesta nueva. No es el eslabón de otro ciclo, hay un absoluto acuerdo en ello... dentro de mi cabeza... pero prometo a ti y la vida que no es otra de aquellas.
- Es la repetición perversa que se yergue antes de todos los ocasos, y que vimos solapada siempre en cada amanecer, esos de ambos. No es nada nuevo.
- Prometo novedad en esta prédica, yo ...
- Una incursión al aparato cósmico es menos inverosímil. ¿Recuerdas un zanje eficiente? No hemos logrado acuerdo alguno en ninguna premisa pasada, y ahora no será uno de esos asombros nuevos que nos ponen juveniles a nosotros los viejos. ¿Ves el fuego, cierto? Es el mismo fulgor que conocemos en perfecta memoria, no hay borrosos recuerdos, todo es claro en él. Hay números recorriéndole y los recitamos con ritmo angelical. Bueno, a ese fuego me estás pidiendo cubrir, encubrir, tapar con adoración pútrida y olvido inmediato. Sigues quemándote y mientras, con una sonrisa de teatro griego, me pides que cubra el fuego con mis manos, aún sabiendo que las tengo desnudas y que son éstas sólo cenizas pegadas, entre ellas, con la poca carne emocional que va quedándome. Te equivocas linealmente desde que haces aparecer la pregunta, pues crees que se puede denotar una culpa compartida, mas hoy cargo sobre los ojos el lente de la total sobriedad. Hoy no voy a partir la carrera en falso.
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