Mira tú, luciérnaga, tal cual te prometí, interponiendo en mi rutina una vez al día, ninguna más ni ninguna menos, una entrada de tonteras coloquiales observadas entre responsabilidades y ocio, escrita como relato de comentarista deportivo cincuentón, inspirado por la gloria pasajera de un triunfo fútil. Magia encefálica predecible.
Mira, hoy se me ocurrió un trozo de cuento hipermágico observando caer la sombra de un edificio cansado sobre un muro viejo, adornado de papeles oxidados que en su tiempo habrán sido avisos de eventos varios que convocaron o no al pueblo, no lo sé. Este cuento trata de lo siguiente:
Imaginé una flor azul de madera húmeda, blanda y flexible como hule fino, sobre una mano estirada, fina y blanca la mano, limpia, sin adornos y sin vellosidad. Sólo imaginé el antebrazo y parece ser el de una mujer. Es la mano derecha y en la historia que se me ocurrió, la mano viene desde arriba. No se puede ver más porque desde donde aparece y hacia arriba está completamente oscuro, pero delante de mi y hacia el fondo, todo completamente iluminado. Un tono mate negrizo, perfectamente horizontal respecto a esta mano, se extiende enteramente desde más o menos dos metros sobre la tierra hacia el infinito. En esta fábula yo participo, obvio, porque todo lo relato desde lo que veo. Estoy inmóvil y no tengo la capacidad de articulación en ninguna parte del cuerpo.
Entonces desde el fondo veo venir, zigzagueando en perfecta simetría, un cuerpo lumínico cuya sustancia parece flotar en una dimensión propia, sin necesidad de ejes pero enteramente visible y armónico. / esto será imposible de demostrar gráficamente si me planteara hacerlo / /no sé si decir que tiene masa o no, quizás debo ensalzar más el relato dándole atributos ajenos a todo conocimiento físico del hombre humano / Con tendencia a lo esférico, el cuerpo me dice a través de ondas metacerebrales que lo que él representa es una reacción natural que se produce en nuestro sistema nervioso, pero que nosotros las personas de la tierra hemos ultrajado dándole tintes de esoterismo emocional infantil. /con infantil me refiero a definiciones que hacen las culturas jóvenes, neófitas en el campo universal / Mientras más se acerca, más fuerte lo escucho (en el espectro del sonido) pero menos "interno" lo percibo (en el espectro cognitivo). Su velocidad es permanente y no se aprecian variables en el entorno que pudiesen evitar la eventualidad de que esta bola de luz llegue a impactarme.
Hasta ahí imaginé, pienso seguir con la invención los días que vienen.
Hoy no fue un día de sorpresas en el horario, para nada.
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