lunes, 10 de agosto de 2015

travesía 2015-08-10

Mira, es todo tan simple en la cuna de la serpiente. Que va para acá, que va para allá, el suelo se agita tal cual se agita ella. Se inclina un poco desde el primer tercio hacia adelante, levantando la mirada, vigilante. Contemplativa, yendo de acá para allá. Es sólo un poco de ritmo en polvo el que hay en la cuna de la serpiente.
Es todo tan complicado en el resto del mundo.
Hoy hice del mundo un pésimo ejemplo de habitación para los niños.
Si, como en una espiral, ciego y ofuscado, fui soltando con fuerza restos de basura mental, psicología barata y bla bla bla. Dije muchas frases que no tenían solidez, palabras de bolsa plástica, las soplé luego que las escucharon y se las llevó el viento.
Hoy te mentí mientras parecía firme, como árbol delator. Tú te sonrojabas mientras te inclinabas. Parecía que te iba a golpear, pero nunca te quise golpear. Yo llevaba la cuenta de las letras que necesitaba para realizar una composición numerada de sones que luego pudiesen ser dispuestos en una plancha de notas musicales con el objeto de ser tocada por una orquesta. Obviamente supuse mal, nunca lograría eso. Estaba embriagado por el tamaño de ciertas partes de tu cuerpo. Yo divagaba entre aires de superioridad y eterno retorno, porque me siento totalmente alejado de lo que alguna vez fui como ser humano.
Es todo tan complejo, asir esta maraña de frases escupidas para armar tribunas de aceptación ya no me parece tan bueno. No soy el niño de ayer en gafas oscuras y chicle en la boca. Me puse viejo, me pesan las reflexiones, tanto como dos grandes bolas de acero cayendo de la entrepierna. Se me notan las canas en la voz, me dices que hay sensualidad en el tono - la la LA! - pero no es más que quejumbrosa pesadez. Es que ya no quiero hablar y cierro la traquea y eso pareciera ser una intensión interesante, pero no. Es paja.
Luego de eso, claro, dejé un rato que el silencio adormeciera toda tu vergüenza. Mientras te miraba como el hombre más seguro de la historia, me zumbaba la cabeza todo el tiempo, era mi culpa quejándose de lo mal que lo estoy haciendo. Yo no niego mi desfachatez, en lo absoluto, pero no merezco el auto tormento que sufro. Para desahogarme te volví a gritar, de seguro lo entendiste de otra manera, pero realmente fue así y no de otra forma.
Soy la carta negra que te sale al final, cuando tienes esperanza aún, pero te topas con el papel oscuro y este tiene veneno. Ese soy yo. Que tonto, yo no debería ser así.
Me fui de ahí, me viste la espalda porque caminé lento. Quería correr pero no me podía la furia. Tenía una tonelada de rabia bajo la ropa, toda hacia mi propio ser interno.
Me culpo por lo poco prolijo que soy. Debo pedirte disculpas y aún no encuentro esas causas.

Voy a encontrar refugio en aquel lugar, allí entre la ropa limpia y el resto de las cosas. Espero no quemarme la punta de la cara.

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