jueves, 13 de agosto de 2015

travesía 2015-08-13

- Dos por uno -

Había una vez un tipo que no tenía el tiempo suficiente para ir y venir.
Ese tipo era yo y esa vez es ahora.

Como un goteo invisible sobre metal invisible, goteo de gotas gordas, o el rechinar mecánico y rítmico del esmeril, un ritmo en rara frecuencia repítese varias veces en ciclos de casi 3 minutos dentro de mi cabeza. "Tal pareciera ser un mensaje alienígena" - hubiera pensado hace dos meses atrás - "un comunicado remoto que debo tener pero no interpretar, pues si no lo harían inteligible, y válgame dios no lo es" - pero ahora recurro a dispositivos concluyentes menos etéreos. Ahora sólo dispongo, en palabras menos toscas, de una conclusión simple: dolor físico. Me duele la cabeza y la cabeza misma se grita automática - y a mi - como aviso, llanto por analgésicos. No puedo sino obedecer, uno siempre permanece esclavo de algo, sólo dejamos de apreciar el cromado de las cadenas por su brillo acosador. Soy sirviente de mis reflejos e instintos, de todo lo resolutivo en la cognición que proceso. Cenizas mentales, puro azufre cerebral.
Y bueno, hoy la anti-rutina fue bastante regular, casi contradictoria. A pesar del descalabro en las máquinas, el desorden será compensado por esfuerzos extras.

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