lunes, 17 de agosto de 2015

travesía 2015-08-17

Hay muchas y variadas formas de comenzar un relato, cada modo literario puesto como jineta de alto grado sobre su literato. Hay de quienes hacen seda las palabras y las obligan a surcar delicadas y lentas sobre sus brazos, desde la cabeza a las manos, rodeando y dándole poder a la sustancia hasta llegar al escrito mismo, de tinta o binario. Hay de otros que buscan que el espesor de una tela raída los cubra completamente, y entre hilos se cuele la luz que proyecta(rá) el cuadro de ideas, líneas en métrica o no. Hay algunos que buscan el silencio como fuente, o la oscuridad, o el horror de tragedias presentes (perceptibles materialmente o metafóricas). Yo hoy no entiendo ninguna, me he quedado en completa rectitud, y la rectitud no es manera de creación literaria. Insolente se me arrancó, no sé a qué hora, la capacidad del tejido y de las luces y del sonido de las palabras, no veo telas ni moléculas y me lleno la audición con presentaciones radiales de sucesos muy relevantes en cuanto a la economía territorial. No sé cómo comenzar mi relato de hoy, de lo que estoy seguro es que quiero plantear ideas sobre el miedo que produje en ti. Helo desde acá.

Miedo a la proyección, o el temor por la armonía del caos (parte 1)


Fue una de las primeras preguntas que formulé: "¿Cuánto miedo produzco en ti?". "Cero", me dijiste, en una escala cardinal donde aquel es el límite inferior, o sea, menos es bueno. Entonces dudé inmediatamente, ni por más nublado esté el sentido común a causa del alboroto normal de las hormonas se puede desprender uno de la capacidad defensiva innata ante lo no previsto, frente a la sorpresa instintivamente hay un momento corpóreo y mental donde se nos encienden las luces y ponemos rígidas las extremidades, esperando atentos el primer movimiento. Te presenté la duda y tú aún así mantenías tu postulado. "No siento miedo". Te dije que lo sentirías, lo rebatiste, y ahora somos testigos del hecho del cual nunca dudé.
Hay factores que se pueden medir y varias escalas para ellos, pero no me veo explicando en tecnicismos acotados tal resolución (acá), incluso ya presenté en otro sitio una compilación de ideas acordes, las cuales, ahora y aquí doy fe, puedo poner a disposición de quien sea necesario cuando sea necesario. Luego sólo dispongo el esfuerzo en encontrar la causa y explicarla de la manera más simple y sintética, que esté supeditada a una labor humana estándar de definiciones y entendimiento. Lo que quiero hacer notar debe poder ser digerido sin preámbulo, directo.
Primero, cada acepción hallada es particular a nuestro caso, no general; es el conjunto de versos dado por todas nuestras conjugaciones. El título propone otra cosa, pareciera querer entregar fundamentos holísticos, un cuerpo entero que subyugue toda pregunta referente a la cuestión, mas no es así. No lo corregiré, pues su longitud me parece perfecta, y veo que volverlo "propio" al momento en cuestión, lo prolongará en demasía, transformándolo en un horror que cualquiera evitaría. No quiero eso.
Segundo, la definición de la causa. Aunque no lo quieras y pienses que la particularidad del azar y la magia esotérica es la que nos define, que somos todos los seres humanos (cada uno) un destino que se inventaba mientras lo queríamos, mientras sucedía y no como fruto de puntos específicos en nuestras vivencias, existe una figura apreciable y contextualizada que se puede presentar ante cualquier aspecto de tu conducta (y la mía). En este caso, una figura masculina irrepetible, el ser al que te aferras y que es una idealización de procesos profundos pues la historia lo puso como pilar frente a ti y que se desvaneció irremediablemente, y con ello lo que significa(ba). No es menester definir lo que implica profundamente esa figura, basta con apreciar las diferencias con la proyección que presentó esto en cuanto a la fuente que yo simbolizo.


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