domingo, 16 de agosto de 2015

travesía 2015-08-16

Declaración de un estado superior a nivelación biológica

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No lee lo que allí yace escrito. Según dice, hay que darse una pausa antes, luego de un detenimiento completo ha de proceder la lectura.
Sus somas son partituras constantes de predestinación, son historias conmensurables.
La letra pequeña que hace al poner en diagonal el pulgar respecto a la arista de pliegue en su mano, conduce a un asombro que en pocas partes del espectro visual uno puede llegar a observar; pero aunque sean estas dos cosas totalmente opuestas, respecto al entendimiento "simpático y popular" de las personas que pudieron o pudiesen llegar a sentirla, la melancolía sublime que se desprende como vapor debajo de su tabla de conceptos lo hace asumir a uno un perfecto ritmo, una misericordia celular. El perdón de Dios que cualquiera pudiera regalar, es éso y nada más lo que uno puede pretender entregar por la vivencia y observación para con ella. Podemos decir que nos soltamos espiritualmente en contradicción, en decir que "si", en poseer un poco de la virtud que vemos en lo que pareciera presentarse como una negación evidente. Pero no lo es, y sin embargo lo sentimos confuso; entonces se nos regaló la facultad de poner la falta en desvanecimiento, soltar el juicio en pos de una mejora habitual, propia o no, bilateral o personal o colectiva. Siempre es distinto. Es lo que llamamos el don de la disculpa, propio y cotejado únicamente en la especie humana.
Su letra pequeña es hermosa, pero afilada. Pareciera recorrer el viento a velocidades poco nítidas, sólo el velo de una estela cromada y transparente - expresada en emociones - es lo que logra apreciar el que pone atención a su marcha. Se reproduce su música como alimento, mas aún se conoce perfectamente la dureza y metálica existencia de su corona dorada. La gente actúa, en cuanto a ella, como una especie de senado pueblerino, con poder social pertinente, pero a la vez temerosa del despliegue siguiente al golpe, de la vuelta del latigazo, pues saben siempre hay en ella lo que hay en el mar cuando se recoge lentamente la playa.
Son partículas en movimiento y cohesionadas, inteligentes físicamente, y respetan lo que parece un respeto mucho más alto, crepuscular, casi oscuro. Del poder que denota, se va desollando el gran manto purpúreo que son sus definiciones - respecto a ellos, los seres humanos - y se generan todas las figuras sociológicas necesarias para el continuo destello de vida en la realidad del hombre/de la mujer.
Ella no lee lo que acá descansa escrito. Según predice, lo sabe, lo conoció en tiempos pasados, pues sí leyó las voluntades de todos los que estuvieron antes. Ya se dio la pausa y todavía, dice, no es posible el detenimiento completo. Todos comulgan con ella, no hay una reacción natural a su acción. Está más allá del conocimiento mecánico dado por el intelecto humano, ni la filosofía ni la medicina han querido - ni podido - hacer afrenta a la más grande paradoja existente.
Nos queda sólo poder disculparnos porque existimos, en pequeños movimientos rítmicos, como los del diente de un engranaje pequeño, esperando que el retorno de la energía - o el balance de la matriz - sea corregido/ejecutado por ella, la vida por multiplicidad, avatar de lo que no se comprende a ciencia cierta, figura del poder superior.

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