domingo, 30 de agosto de 2015

travesía 2015-08-30

Fuego de vana intención


"
- Vienes y te presentas envuelta en remolinos dramáticos. Cuentas el uno, el dos y el tres, y luego vuelves a contar y nos damos cuentas que la turbulencia emerge en ciclos. ¡Restos volátiles de aromas de la calle y papel te siguen, contorneando la figura que eres! Pones piedras derredor y las frases vergonzosas que trajiste las sueltas como ramas secas, en torno a un perfecto círculo en el exacto centro, y prendes el fuego. Te quemas y contigo los lamentos anteriores, ¡que cada dicho que anunciamos como resuelto se desprenda de esa irreal verdad! ¿Acaso todo fue fantasía? Hubo una copa de garboso vino brindada sobre una igual de elegante velada; ahí se concretó en mí la peor de las confianzas. Levanté una voluntad desperdigada bajo cielos negros, en pedazos nada solados, oscuros, sin forma aparente, ni presente ni anterior. Porque me quité la propia resonancia, el vínculo concreto entre mi mente y el cuerpo, y así poder lidiar con la clase de tristes retraimientos que son estos. ¿Acaso me sorprendo? ¿O es sino el mismo propio lamento, aquella latente disipación del compromiso que tengo con la razón mía, con mi intelecto? Me desembargo de mi mente en cuanto enfrente la biología tuya.
- No me ofendo. En épocas triviales, la desdicha se hubo de acomodar mejor, y entre velos y cojines rosas suspiré y tomé más aire limpio que nunca. Ahora que cautivo en desdén te veo, traigo una propuesta nueva. No es el eslabón de otro ciclo, hay un absoluto acuerdo en ello... dentro de mi cabeza... pero prometo a ti y la vida que no es otra de aquellas.
- Es la repetición perversa que se yergue antes de todos los ocasos, y que vimos solapada siempre en cada amanecer, esos de ambos. No es nada nuevo.
- Prometo novedad en esta prédica, yo ...
- Una incursión al aparato cósmico es menos inverosímil. ¿Recuerdas un zanje eficiente? No hemos logrado acuerdo alguno en ninguna premisa pasada, y ahora no será uno de esos asombros nuevos que nos ponen juveniles a nosotros los viejos. ¿Ves el fuego, cierto? Es el mismo fulgor que conocemos en perfecta memoria, no hay borrosos recuerdos, todo es claro en él. Hay números recorriéndole y los recitamos con ritmo angelical. Bueno, a ese fuego me estás pidiendo cubrir, encubrir, tapar con adoración pútrida y olvido inmediato. Sigues quemándote y mientras, con una sonrisa de teatro griego, me pides que cubra el fuego con mis manos, aún sabiendo que las tengo desnudas y que son éstas sólo cenizas pegadas, entre ellas, con la poca carne emocional que va quedándome. Te equivocas linealmente desde que haces aparecer la pregunta, pues crees que se puede denotar una culpa compartida, mas hoy cargo sobre los ojos el lente de la total sobriedad. Hoy no voy a partir la carrera en falso.
"

jueves, 27 de agosto de 2015

travesía 2015-08-27

A un amor encadenado te pusiste
en reflejo tenue viéronte los de afuera
que quizás te ibas, mas permaneciste
una luz roja encendió cada momento
                              desde ahí

Patrullabas el sendero que dejaron las historias
que viviste , que sufriste , que tramaste y fallaron
un puño de relatos , una mano apretada sangrante
alcanza para denotar la ineficiencia
                               pero te quedaste ahí

Dos únicos delicados amaneceres
viviste en pasión , oh idiota
el otro tiempo fuiste materia muerta
el desecho retornable de una voluntad agria
                      aún así permaneciste ahí

En este hora de poca luz y demencia
a este momento ha llegado la reflexión vivaz
pues entretejiste condiciones propias
que recién crepuscular pudiste acallar
                  venciendo, desde acá

martes, 25 de agosto de 2015

travesía 2015-08-25

Una sonrisa envuelta en adorable aroma
tal el que pertenécele al agua , propio y puro
viento delgado corre sobre rojos labios
la curva perfecta que denota al final , y me duermo.

Aparece aquel sueño en líneas violetas
perfecta apariencia de cristal la que te cubre
sólidos diáfanos licuándose en tu regazo
un bello canto de cortejo para mi boca , y lo cojo.

En el ocaso de esta noche de lluvia
entre melancolía soñera y ritmo acuoso
el vaso , hielo geométrico , el fluido dorado
son todos ángeles cantores
que entre sueños vívidos y tenues trazas de colores
llaman la primavera apresurados , ponen calor
golpeando con furia gutural al frío
llevándome flexible a la losa.       Adiós   .

lunes, 24 de agosto de 2015

travesía 2015-08-24

Tal insípido amanecer álzase hoy, recorriendo de trecho a trecho entre cordillera y mar, sin colores y sin brisas, penetrando la densa rutina del puerto. Al recostarse insinúa un desdén cromático y sin apuro retira una promesa implícita, percudiendo, alienando todas las miradas envueltas, mintiendo y maltratando hasta dejar sumisas las conductas humanas de quienes fe le tuvieron. No tiene cause, sólo degrádase en grises tonos, perenne, violento, opresor.
Un domo de nubes pasajero se deja caer desde las aguas; empótrase fuerte desde el borde hasta el comienzo de los picos llenos de cuadraditos de colores, pasando a llevar las faldas gruesas y fermentando niebla en las quebradas. Un hálito húmedo, gran peso traen esos globos en el cielo, atentos pues perecederos se saben son. El suave destello superior de luces cálidas apenas toca la superficie, simplemente se presenta delineando el dibujo expuesto.

Cálida y vertiginosa, te apareces
montada sobre cuerdas de viento
bramantes de fino hilo
hilos del aire y mar agitado

Pues torpes tratan de erguirse las figuras de hombres
diagonales en contra de la arremetida tuya
quisiste embestir y en contra tuya se pusieron
con cano viento volviste pálidos a tus contrincantes

Y al sol vencieron
doce guerreros de vapor y agua
un tumulto opaco
una lluvia como promesa

Abro la compuerta y tomo el cáliz en ambas manos, las que desnudé especialmente para ver correr en deltas horizontales al rojo vino, cual incorporado néctar, recorrer el cuerpo que me contiene, junto a la lluvia. Agua rojiza pudiendo hacerme ver blando, en tonos púrpuras marca la piel, no hay grietas, pues no le permití ni a la imprudencia ni a la edad marcarme de manera despectiva.

Indómito se yergue el ventarrón
animal sin montura alguna , nunca
que cruza , que deviene en mutación aérea
desde el firmamento, mal recibido

Artefactos de cruces plásticas y metal
quiméricas telas como escudos desalmados
- nimiedades -
ni más te presentas vuelcan su valor, ocultándose
hijos de alguien todos , voluntades
que del agua hicieron temor
denotaron malos como tragedia al viento

Yo te recibo
aunque me tome por dentro el catarro
mirándote de frente , hacia arriba
entre fijaciones ridículas y paz.

viernes, 21 de agosto de 2015

travesía 2015-08-21

Últimamente sólo te he impuesto relatos aleatorios de una imaginación enajenada por metales y plásticos, la razón del hombre adulto alterada mediante el aroma del humo que produce la madera quemada. Es porque han sido días fríos, calculados y sin matices. Esta semana no he conocido, aún, a nadie que me impulse a compartir un cigarro y la caída del sol luego de la jornada.
Hoy no será la excepción, hoy voy a tomar presencia acá mediante otro cuento que se vaya inventando junto a conversaciones por teléfono, la revisión del correo y el incesante dibujo digital.

Prístina


Va pasando a través de la ciudad entre calles poco recurridas. No quiere ser vista, prefiere la sorpresa; saltar sobre el condenado o condenada en un acto del azar, un movimiento imbuido en temor; nerviosos todos los que saben pueden ser abordados por ella.
Es temprano por la mañana, van apenas dos o tres horas de sol. Del cielo se apoderaron grandes nubes oscuras la madrugada anterior, y entre distintos tonos de grises se cuelan cobardes delgados brazos de luz. No se avistan aves surcando la altura, aún cuando el viento que se cuela entre edificios es rápido y fuerte; su poder hiende duro en los pocos caminantes de la ciudad, la brisa es una marejada sin agua y en la costa conocen el poderío de las ráfagas que nacen en el océano y que no mueren siquiera al alcanzar aquellos cerros de colores. Todo lo que sucede es vaticinio de nada bueno.
Ella se dispersa con gracia, ante un obturador regular su cuerpo pareciera multiplicarse. Controla el vínculo entre sus moléculas, se desliza suavemente entre los hilos de aire, en partículas transparentes. Se deja ver entre tanto, mas en la amplitud del tiempo, su estancia aunque sublime, es invisible. Nadie decide su encuentro sino ella.
Nunca toma forma humana, a no ser que por un mínimo error de cálculo -es el legado por haber vivido alguna vez entre los dioses del hombre- sea estricta una presentación elegante y delicada frente a la presa. Nadie puede sentir y hacerse noción de que se enfrentó a ella, no pueden haber recuerdos sensibles que lleguen a presentar en realidad su existencia. La memoria de estas criaturas podría ser intervenida por alguna autoridad superior, tal vez uno de esos miles de dioses que los hombres mataron durante su historia u otro de esos tantos seres extraatmosféricos que mencionan de cuando en vez en los medios; ella no puede arriesgarse a nada. Entonces cuando algo así sucede, adopta la forma del humano preciso (indaga en el inconsciente de la víctima y busca la figura adecuada, teniendo presente todas las variables a considerar, como ubicación geográfica, presencia en el tiempo, posibilidad de habitabilidad y/o cualificación psicosocial del momento) y luego, tal mucama nueva, arregla una situación serena y coloquial, como sueño vívido, donde la persona-víctima no logrará siquiera pensar en la ficción.
Pero eso ha pasado tres veces en dos mil cuatrocientos años. Ella corrompe con precisión neuromecánica, la tolerancia de no éxito es ínfima, impropia, casi como si fuera parte del segmento de la parábola que roza pero nunca toca el cero. A escalas infinitesimales, tanto como la muerte, ella es ineludible.

Ella es el mesías original del Caos.

Se suelta, hace de sus miembros extensiones sin borde. Procura elevar el manto bajo su rostro sino a la mayor altura posible. Lanza la red, son millones de disparos mentales cayendo como ráfaga de metal y fuego. Invisibles, todas las premisas enviadas se cuelan entre pensamientos, ideas y reflexiones. Caen afiladas lanzas entre circuitos cognitivos, el dolor diario comienza a germinar, no hay medicamento que alivie la realidad habitual.

Aquel que fue alcanzado por algún impacto frunce el ceño, vuelve a recordar que ya está muerto y que no tiene relevancia alguna el plan programado para hoy. Suelta el esfuerzo que lleva cargado en su cuerpo y se detiene dos a tres segundos. En silencio mira al cielo y en su cabeza ocurre poesía que no podrá plasmar. Cierra los ojos, las tres mismas frases de siempre. "Es la rutina, no somos nada, un día menos en este infierno". Como si no hubiera pasado continúa con su travesía, cargando sobre la testa el remordimiento finito de la existencia humana.

jueves, 20 de agosto de 2015

travesía 2015-08-20

-¡Un unicornio!, un cebo grueso, una postal escrita con tinta blanca. ¡Un pedazo de carne mágica!

"Sofista metamágico" lo llamaban los otros. Procuraban hacerlo siempre a sus espaldas, pues aún sabiéndose reyes de la razón, miedo albergaban por el confuso rechinar de sus dientes y la velocidad exagerada con la que movía los dedos. De cualquier forma tenían temor a que, no sabrían cómo, realmente pudiera expulsar esa magia desde la boca, aunque fuera el más mínimo destello de probabilidad aplicable. No, ni siquiera, aseguraban con reflexiones naturales, mientras levantaban la barbilla, de la universal imposibilidad en cuanto a aquello; era horror infantil en teoría simple, evocaciones de épocas reprimidas, recuerdos fatuos de la oscuridad que los ponía a llorar de niños, empotrados y temblorosos en las esquinas de altas habitaciones frías. El gótico edificio que albergaba al internado carecía de la rosa cromática y la temperatura adecuada para la educación juvenil, incluso para el desarrollo humano. Decían (pues les dijeron esto al principio) que tenían la protección del dios intelectual y el sentido común, y con eso alimentaban a la enjuta bestia que les pertenecía internamente. Su pilar fundamental no era más que ese. Los establecimientos educativos del s.XXII eran bastante especiales, castrenses aunque promulgaban la perfecta paz. Ni distaban mucho del modelo anticuado y antiadecuado (así lo llamaban ellos) que proliferaba hacía cinco siglos atrás y que tanto más reprobaban poderosamente, aún cuando en su lema descansaba escrita la absolución de todas las emociones negativas.

-Debe ser oprimido, otra consecuencia es fútil. No hay remedios probables, es el claustro o seguir desesperándonos con su esquizofrénica letanía.
-No podemos oprimir a nadie ni nada de ese nadie.
-Reprimir. Detener con silencio.
-¿Forzado? No lo dices, mas es lo único que se presenta viable. Para nada plausible.
-Forzado, claro. Silencio resultado de la fuerza, nuestra razón ni lo roza, menos lo va a mover. Perdió el sentido común de su intelecto quizás cuándo, ya nadie recuerda la primera verborrea.
-Yo no la recuerdo.
-Yo no la recuerdo.
-Yo no la recuerdo...- Y así diez y seis personas distintas, todas embutidas dentro de un largo hábito anaranjado con líneas negras verticales desde la cabeza a la cintura, ordenados sin intención aparente según su experiencia/tiempo en la escuela, los más veteranos cerca del metamago y el resto hacia atrás.
-A mi nada más se me ocurre, no hay otra idea conjugándose en mi cabeza. Requiero unanimidad, sería terrible pensar siquiera en ejecutar con alguno o algunos de ustedes en contradicción. Yo hoy tomo voto de silencio, esperaré al alba por la razón ganándose sus voluntades. Me confino voluntariamente 10 horas desde ésta, que el sol que nacerá mañana nos reúna en plena sabiduría.

Quedóse mudo y con él todo el resto. Al sofista lo seguían escuchando pero sin prestarle atención. Hubo dispersión total y luego nadie habló con nadie, todos completamente ensimismados en instancias de reflexión esa tarde y descanso mental habría en la noche.

-¡Dos puentes de gas rojo con encajes de animales salvajes! Mi vida expuesta en un circo, traumas colgando desde la soga más alta y mi virilidad expulsada con rabia desde el cañón, metida a la fuerza en el casco del hombre bala. ¡Tres elefantes aplaudiendo mi espectáculo!

Inevitable, por sobre el cordel rocoso y completamente desnudo, el sol asómase en plan conquista. "Hoy toda esta tierra será mía, otra vez, por horas y horas". Quienes rezaron toda la noche por una noche infinita fueron derrotados, y los que aparecían sólo con las tinieblas, erguidos y funestos por sobre sus sombras, fueron encorvándose y gimiendo por una tregua de mediodía. El vino y la poca vergüenza se desvanecían por completo con las apariciones lumínicas entre las grietas de las paredes, cada borracho giraba lentamente sobre su trozo de papel y suelo, tratando de encontrar un par de horas más de madrugada. Obligatorio; el triunfo de la estrella se repitió otro día más.
Y así también se supo entre el metamago y sus jueces.
La luz entraba en ondas suaves por la ventana más alta de la habitación, misma pieza donde se comulgó una idea de quiebre para con aquel mago argüidor. Las solapas se dejaron caer sobre los brazos, todas las capuchas se estiraban en pliegues sobre todas las espaldas. Un silencio gobernó el espacio por varios minutos. Era el rito, ni nervio ni confusión había. Tal como el sol, de aquellos hombres tan sólo brotaba claridad.

-¡Cinco notas arrancan asustadas de mi laud! Hice una canción para ustedes mientras dormía, tiene acordes que les romperían los oídos a los gigantes de piedra. La letra yace derramada sobre el manto sagrado de todos los ángeles muertos en todos los museos que conocen, son trazas de sangre las que arman las palabras y las oraciones y mis enojos. No la cantaré, nadie lo mereció. ¡Ocho puntos cósmicos sobre mi delantal! ... ¡Trece es el número de la magia que armé, es el número donde nos cruzábamos y fuimos eternos por separado!

Se pasaban un trozo de buen papel, de izquierda a derecha; cada uno leía lo anterior y correspondía el mensaje escribiendo una palabra. Todas las palabras eran la misma palabra. Luego de la última escrita, envuelto se devolvía el rollo blanco, cilíndrico perfecto, limpio, portando una verdad que será ocultada en fuego posteriormente.
Entonces se oyó: -Que lo que acá se comulgue acá se defienda y acá se comprima a la absoluta discreción. Lo que todos hemos prometido todos hemos de proteger. Que lo que ahora suceda inmediatamente luego se calle. Con fuego-
-Con fuego.
-Con fuego.
-Con fuego... - Y así diez y seis personas distintas repitieron lo mismo.

Apenas se sintieron los movimientos ejecutados. Para el mundo fuera de la gran puerta que tenían a sus espaldas, no hubo evento especial. El sol no había alcanzado todavía un grado más en su curvatura. Tan sutil, que dos pequeños pájaros azules posados sobre el pilar de la ventana entreabierta ni siquiera pusieron atención, y todos sabemos que aquellas criaturas huyen apenas les miras las patas. En el círculo de hombres que se conformó perimetralmente, uno podía decir que sólo había quietud y podía adivinar que nada sucedía en el interior de su diámetro. Para el dios del intelecto y el sentido común, aquel sólo había sido un concilio de un minuto.

-Nadie recordó la primera pendejada ni nadie tampoco la última.
Siguió entrando luz del sol como siempre, la mañana se instaló habitualmente en el recinto. Entre quienes sabían y quienes no, nadie podía notar diferencias.
La ejecución casi romántica, aparentemente la apología final al éxito de la razón.

miércoles, 19 de agosto de 2015

travesía 2015-19-08

Nómade


Un terrible relámpago cruza el oeste, entre nubes púrpuras, sobre las cimas desnudas. No hubo nieve aún en la columna rocosa que se erige en aquel borde, las temporadas fueron alternas y crueles con estas tierras. La luz difractada en el negro cielo actúa como alarma, recordatorio de una caminata que debería ejecutarse pronto. Se va desvaneciendo el espectro de colores metálicos dentro de la atmósfera; los reflejos, entre tonos rojos y azules, presentan nuevas vestimentas sobre las estrellas que se mueven encima de las montañas. La osa se desprende de la soga cósmica que la detiene y pareciese volver, zigzagueando, al punto donde comenzó a germinar antes de que se ocultara el sol. O así al menos le pareció a él.
-Qué hermoso es el firmamento, limpio- dijo.
Tres géneros opacos un tanto gastados se sube al hombro derecho y con delicadeza vuelve simétrico ese peso. Al otro lado cuelgan sogas de buen cáñamo, selladas en aceite animal y el sol secante del último verano. -No pueden ser más firmes- dijo. Cruzando el negro cuello, quemado por cien cacerías diurnas, va una bolsa de material vegetal que tanto le sirve de saco como de protección. -Los insectos que sobreviven al frío pican fuerte- dijo. Un pequeño remedo de sombrero, curtido en cuero con incrustaciones transversales de finas varillas de madera, cubre sus orejas y la circunferencia más alta de su cabeza. El resto no necesita de nada, la dureza de su rostro es escudo inagotable, regalo de décadas caminando entre bestias y dioses. -Mi mirada tiene que ser completa y el resto de mis sentidos faciales amplios, descubiertos- dijo.
Sus ropas son la síntesis máxima en cuanto a vestiduras; si pudiera ahorrarse una costura, lo haría. Un amplio bolsillo impermeable cuelga delante de su torso, cuatro lo hacen desde sus pantalones: dos abiertos por delante y dos cerrados con broches de piedra por detrás. -No puedo cargar más que lo estrictamente necesario- dijo.
En su muslo derecho, entre la tela y su mano relajada, descansan tres cuchillos de distintos tamaños y diferentes propósitos cada uno. Todos metálicos, sólo uno fue puñal siempre, los otros dos artesanías otorgadas por los golpes contra las rocas y encuentros afilados con otros restos ferrosos.
Sobre el frontis de su otro muslo y la parte más baja del estómago, apoyada verticalmente aparece una riñonera amplia donde guarda de la manera más eficiente posible todos los alimentos. Hay comida para, al menos, una semana ahí, y de llegar a ser necesario, racionándose militarmente, podría sobrevivir 10 días con eso. - No puedo llevar nada más ni nada menos - dijo.
Lleva las manos vacías, sabe que comenzando la travesía, desde el primer silencioso paso, las necesitará libres y tranquilas para todo el espectro posible de sucesos.
Hace oídos sordos ante cualquier vibración, no hay sonido que lo perturbe. Toda existencia material es invisible para él. Ahora existe únicamente el trazo implícito bajo sus pies, la idea de movimiento perpetuo. Ya hay que cambiar de lugar.
Suena el primero de los bocinazos. Un aviso de seguridad.
El tráfico es abultado para lo alta que es esta hora esta noche.
Tres pasos por cada pie, perfecta diagonalidad dirección sureste respecto a la calle que atraviesa. En ritmo aparecen los sonidos de media docena de bocinas en tonos distintos. Una orquesta de viento entre plástico y metal.
En segunda fila asómase a velocidad promedio un microbus azul medio vacío. Fue suficiente, no alcanzó a dar el cuarto paso con el pie derecho.

La eternidad no es siempre en conciencia. -Se es infinito tanto en el sueño como más allá de la permanencia física; no eres solamente la biología que pisa la tierra, eres más- le dijeron.
Continúa moviéndose tal hombre, entre planos, aunque sus telas, sus cuchillos y su pan hayan quedado quietos juntos a la fría carne.

martes, 18 de agosto de 2015

travesía 2015-08-18

Miedo a la proyección, o el temor por la armonía del caos (parte 2)


(...)
Simbolizo a una figura gruesa, de voluntades imposibles de levantar y poner en báscula, no el personaje enjuto y antipoético que te abre las plumas raídas y casposas cada vez que se te presentó un cortejo. Figura erguida en dura sabia, no un giboso entuerto de varón poco animal y moralista barato. Si bien la criatura de hombre que comúnmente te rodea es espécimen viable reproductivo, carece de las técnicas prudentes en cuanto a lo que podría ser tu elevación más allá del aparato biológico. El que parece convertirse en apertura sólo se envuelve para luego transformarse en jaula de espeso musgo, hielo y levantamientos afilados. Una contención humana, un límite de hombre; yo soy todo lo contrario. ¿Entonces porqué lo que parece mejor es absuelto de una condición todavía no bien definida? Pues en el horizonte de lo que deseas tener pero no tendrás hay nubosidad, grandes cúmulos grises que cubren la sustancia latente (pues fue evidente cada paso dado y frase dicha) y que niegas tratar de alcanzar por miedo. Ese velo gris pesado y rugoso no lo mueves hacia ningún lado, es un pañuelo oscuro de tela tejido con los miramientos que has tenido para con los hombres desde hace un año y las virtudes fútiles que te fueron presentadas como dádivas en cada galanteo anterior. Una costumbra de cenizas húmedas sobre tierra infértil. Aquel baile que has hecho costumbre se vuelve la pieza más estéril dentro de todo el conjunto que te define como existencia física. Eres mujer de muchos años teniendo tan pocos.
Es porque tu yermo es infranqueable y fui (a velocidades, lo reconozco, inmensamente difíciles de atender) un portador de gran siembra. Es miedo a la fecundidad, temor al provecho humano biológico.
El temor es tan natural como la reacción de supervivencia, la mantenencia del inhalar y exhalar, sangre bombeada, impulsos electromagnéticos dentro de nervios inconmensurables. Emociones químicas, instinto. Fuiste instintiva, imposible refutar la calidad de tu resultado, pero te negaste a ser indicada como materia controlada desde el principio, pues si llegué con una bienvenida a recibirte, fue éste papel exacto y escrito con las letras más grandes y obvias que pude hacer.
El arrepentimiento aparece delicado tras el dolor por lo mal habido, pero destruye la misma conciencia y causa estupor mental cuando se yergue alto y negro por las cosas que no se hicieron.


Hoy volví a leer, sobre una hoja húmeda de papel, a Hölderlin y su conciza "Vida más elevada". Un descabellado aroma mineral, como el de la calle pavimentada luego de la lluvia y un aparecido sol, aparecióme bajo los ojos al llegar, raudo, a "el más alto sentido es la más noble vida".
Discrepo transversalmente con el alemán.

lunes, 17 de agosto de 2015

travesía 2015-08-17

Hay muchas y variadas formas de comenzar un relato, cada modo literario puesto como jineta de alto grado sobre su literato. Hay de quienes hacen seda las palabras y las obligan a surcar delicadas y lentas sobre sus brazos, desde la cabeza a las manos, rodeando y dándole poder a la sustancia hasta llegar al escrito mismo, de tinta o binario. Hay de otros que buscan que el espesor de una tela raída los cubra completamente, y entre hilos se cuele la luz que proyecta(rá) el cuadro de ideas, líneas en métrica o no. Hay algunos que buscan el silencio como fuente, o la oscuridad, o el horror de tragedias presentes (perceptibles materialmente o metafóricas). Yo hoy no entiendo ninguna, me he quedado en completa rectitud, y la rectitud no es manera de creación literaria. Insolente se me arrancó, no sé a qué hora, la capacidad del tejido y de las luces y del sonido de las palabras, no veo telas ni moléculas y me lleno la audición con presentaciones radiales de sucesos muy relevantes en cuanto a la economía territorial. No sé cómo comenzar mi relato de hoy, de lo que estoy seguro es que quiero plantear ideas sobre el miedo que produje en ti. Helo desde acá.

Miedo a la proyección, o el temor por la armonía del caos (parte 1)


Fue una de las primeras preguntas que formulé: "¿Cuánto miedo produzco en ti?". "Cero", me dijiste, en una escala cardinal donde aquel es el límite inferior, o sea, menos es bueno. Entonces dudé inmediatamente, ni por más nublado esté el sentido común a causa del alboroto normal de las hormonas se puede desprender uno de la capacidad defensiva innata ante lo no previsto, frente a la sorpresa instintivamente hay un momento corpóreo y mental donde se nos encienden las luces y ponemos rígidas las extremidades, esperando atentos el primer movimiento. Te presenté la duda y tú aún así mantenías tu postulado. "No siento miedo". Te dije que lo sentirías, lo rebatiste, y ahora somos testigos del hecho del cual nunca dudé.
Hay factores que se pueden medir y varias escalas para ellos, pero no me veo explicando en tecnicismos acotados tal resolución (acá), incluso ya presenté en otro sitio una compilación de ideas acordes, las cuales, ahora y aquí doy fe, puedo poner a disposición de quien sea necesario cuando sea necesario. Luego sólo dispongo el esfuerzo en encontrar la causa y explicarla de la manera más simple y sintética, que esté supeditada a una labor humana estándar de definiciones y entendimiento. Lo que quiero hacer notar debe poder ser digerido sin preámbulo, directo.
Primero, cada acepción hallada es particular a nuestro caso, no general; es el conjunto de versos dado por todas nuestras conjugaciones. El título propone otra cosa, pareciera querer entregar fundamentos holísticos, un cuerpo entero que subyugue toda pregunta referente a la cuestión, mas no es así. No lo corregiré, pues su longitud me parece perfecta, y veo que volverlo "propio" al momento en cuestión, lo prolongará en demasía, transformándolo en un horror que cualquiera evitaría. No quiero eso.
Segundo, la definición de la causa. Aunque no lo quieras y pienses que la particularidad del azar y la magia esotérica es la que nos define, que somos todos los seres humanos (cada uno) un destino que se inventaba mientras lo queríamos, mientras sucedía y no como fruto de puntos específicos en nuestras vivencias, existe una figura apreciable y contextualizada que se puede presentar ante cualquier aspecto de tu conducta (y la mía). En este caso, una figura masculina irrepetible, el ser al que te aferras y que es una idealización de procesos profundos pues la historia lo puso como pilar frente a ti y que se desvaneció irremediablemente, y con ello lo que significa(ba). No es menester definir lo que implica profundamente esa figura, basta con apreciar las diferencias con la proyección que presentó esto en cuanto a la fuente que yo simbolizo.


domingo, 16 de agosto de 2015

travesía 2015-08-16

Declaración de un estado superior a nivelación biológica

/
No lee lo que allí yace escrito. Según dice, hay que darse una pausa antes, luego de un detenimiento completo ha de proceder la lectura.
Sus somas son partituras constantes de predestinación, son historias conmensurables.
La letra pequeña que hace al poner en diagonal el pulgar respecto a la arista de pliegue en su mano, conduce a un asombro que en pocas partes del espectro visual uno puede llegar a observar; pero aunque sean estas dos cosas totalmente opuestas, respecto al entendimiento "simpático y popular" de las personas que pudieron o pudiesen llegar a sentirla, la melancolía sublime que se desprende como vapor debajo de su tabla de conceptos lo hace asumir a uno un perfecto ritmo, una misericordia celular. El perdón de Dios que cualquiera pudiera regalar, es éso y nada más lo que uno puede pretender entregar por la vivencia y observación para con ella. Podemos decir que nos soltamos espiritualmente en contradicción, en decir que "si", en poseer un poco de la virtud que vemos en lo que pareciera presentarse como una negación evidente. Pero no lo es, y sin embargo lo sentimos confuso; entonces se nos regaló la facultad de poner la falta en desvanecimiento, soltar el juicio en pos de una mejora habitual, propia o no, bilateral o personal o colectiva. Siempre es distinto. Es lo que llamamos el don de la disculpa, propio y cotejado únicamente en la especie humana.
Su letra pequeña es hermosa, pero afilada. Pareciera recorrer el viento a velocidades poco nítidas, sólo el velo de una estela cromada y transparente - expresada en emociones - es lo que logra apreciar el que pone atención a su marcha. Se reproduce su música como alimento, mas aún se conoce perfectamente la dureza y metálica existencia de su corona dorada. La gente actúa, en cuanto a ella, como una especie de senado pueblerino, con poder social pertinente, pero a la vez temerosa del despliegue siguiente al golpe, de la vuelta del latigazo, pues saben siempre hay en ella lo que hay en el mar cuando se recoge lentamente la playa.
Son partículas en movimiento y cohesionadas, inteligentes físicamente, y respetan lo que parece un respeto mucho más alto, crepuscular, casi oscuro. Del poder que denota, se va desollando el gran manto purpúreo que son sus definiciones - respecto a ellos, los seres humanos - y se generan todas las figuras sociológicas necesarias para el continuo destello de vida en la realidad del hombre/de la mujer.
Ella no lee lo que acá descansa escrito. Según predice, lo sabe, lo conoció en tiempos pasados, pues sí leyó las voluntades de todos los que estuvieron antes. Ya se dio la pausa y todavía, dice, no es posible el detenimiento completo. Todos comulgan con ella, no hay una reacción natural a su acción. Está más allá del conocimiento mecánico dado por el intelecto humano, ni la filosofía ni la medicina han querido - ni podido - hacer afrenta a la más grande paradoja existente.
Nos queda sólo poder disculparnos porque existimos, en pequeños movimientos rítmicos, como los del diente de un engranaje pequeño, esperando que el retorno de la energía - o el balance de la matriz - sea corregido/ejecutado por ella, la vida por multiplicidad, avatar de lo que no se comprende a ciencia cierta, figura del poder superior.

viernes, 14 de agosto de 2015

travesía 2015-08-14

Mira tú, luciérnaga, tal cual te prometí, interponiendo en mi rutina una vez al día, ninguna más ni ninguna menos, una entrada de tonteras coloquiales observadas entre responsabilidades y ocio, escrita como relato de comentarista deportivo cincuentón, inspirado por la gloria pasajera de un triunfo fútil. Magia encefálica predecible.
Mira, hoy se me ocurrió un trozo de cuento hipermágico observando caer la sombra de un edificio cansado sobre un muro viejo, adornado de papeles oxidados que en su tiempo habrán sido avisos de eventos varios que convocaron o no al pueblo, no lo sé. Este cuento trata de lo siguiente:

Imaginé una flor azul de madera húmeda, blanda y flexible como hule fino, sobre una mano estirada, fina y blanca la mano, limpia, sin adornos y sin vellosidad. Sólo imaginé el antebrazo y parece ser el de una mujer. Es la mano derecha y en la historia que se me ocurrió, la mano viene desde arriba. No se puede ver más porque desde donde aparece y hacia arriba está completamente oscuro, pero delante de mi y hacia el fondo, todo completamente iluminado. Un tono mate negrizo, perfectamente horizontal respecto a esta mano, se extiende enteramente desde más o menos dos metros sobre la tierra hacia el infinito. En esta fábula yo participo, obvio, porque todo lo relato desde lo que veo. Estoy inmóvil y no tengo la capacidad de articulación en ninguna parte del cuerpo.
Entonces desde el fondo veo venir, zigzagueando en perfecta simetría, un cuerpo lumínico cuya sustancia parece flotar en una dimensión propia, sin necesidad de ejes pero enteramente visible y armónico. / esto será imposible de demostrar gráficamente si me planteara hacerlo / /no sé si decir que tiene masa o no, quizás debo ensalzar más el relato dándole atributos ajenos a todo conocimiento físico del hombre humano / Con tendencia a lo esférico, el cuerpo me dice a través de ondas metacerebrales que lo que él representa es una reacción natural que se produce en nuestro sistema nervioso, pero que nosotros las personas de la tierra hemos ultrajado dándole tintes de esoterismo emocional infantil. /con infantil me refiero a definiciones que hacen las culturas jóvenes, neófitas en el campo universal / Mientras más se acerca, más fuerte lo escucho (en el espectro del sonido) pero menos "interno" lo percibo (en el espectro cognitivo). Su velocidad es permanente y no se aprecian variables en el entorno que pudiesen evitar la eventualidad de que esta bola de luz llegue a impactarme. 

Hasta ahí imaginé, pienso seguir con la invención los días que vienen.
Hoy no fue un día de sorpresas en el horario, para nada.

jueves, 13 de agosto de 2015

travesía 2015-08-13

- Dos por uno -

Había una vez un tipo que no tenía el tiempo suficiente para ir y venir.
Ese tipo era yo y esa vez es ahora.

Como un goteo invisible sobre metal invisible, goteo de gotas gordas, o el rechinar mecánico y rítmico del esmeril, un ritmo en rara frecuencia repítese varias veces en ciclos de casi 3 minutos dentro de mi cabeza. "Tal pareciera ser un mensaje alienígena" - hubiera pensado hace dos meses atrás - "un comunicado remoto que debo tener pero no interpretar, pues si no lo harían inteligible, y válgame dios no lo es" - pero ahora recurro a dispositivos concluyentes menos etéreos. Ahora sólo dispongo, en palabras menos toscas, de una conclusión simple: dolor físico. Me duele la cabeza y la cabeza misma se grita automática - y a mi - como aviso, llanto por analgésicos. No puedo sino obedecer, uno siempre permanece esclavo de algo, sólo dejamos de apreciar el cromado de las cadenas por su brillo acosador. Soy sirviente de mis reflejos e instintos, de todo lo resolutivo en la cognición que proceso. Cenizas mentales, puro azufre cerebral.
Y bueno, hoy la anti-rutina fue bastante regular, casi contradictoria. A pesar del descalabro en las máquinas, el desorden será compensado por esfuerzos extras.

miércoles, 12 de agosto de 2015

travesía 2015-08-12

- El camino ancho y el angosto -

En la plaza O'higgins, me estoy encontrando ya todos los días, a eso de las casi nueve de la mañana, con evangélicos de distintas nacionalidades pregonando sus sentimentalismos, haciendo pedagogía astrológica. Diciéndome a mi y al resto de los pasantes lo que sí y lo que no. Mayormente no pongo atención porque voy nublado de humo y las orejas tapadas de sustancia sonora, como filamentos metálicos aterciopelados, guardianes de falacias agresoras y contaminación acústica estándar. Pero hoy tocó semáforo rojo en esa esquina, y tal equivocación de la rutina de luces públicas, no equivocación mía, me obligó a desempotrar un auricular (el izquierdo porque desde ahí vienen los autos) para poner atención con otro sentido más a la conducta del resto del tránsito. Fue el momento mágico, ahí escuché completa la frase "...el camino ancho es el malo"; luego de ella, las justificaciones de tal aforismo - yo ya concentrado en la historia, completamente no hostil y enfocado en no perder la noción del discurso - para continuar luego con la contraparte, "... el camino angosto es el bueno, es más seguro, es el más difícil pero es el que lleva a Dios".
Obviamente con Dios se refería al orgasmo. Sé que estoy completamente sexualizado, pero no pudo haber sido otra la interpretación. Veía rostros y leía exactamente en ellos lo que yo estaba pensando. Por dentro todos nos reíamos al unísono y nos desnudábamos. Apreté bien fuerte los párpados varias veces, pues en esos momentos la fauna no era muy saludable.
En fin, el tipo tenía razón, pero en parte, su bla bla era media mentira y media verdad. Ambos caminos conducen a Dios, y muchos otros también.

Hoy me atrasé porque se me fue el tiempo como hoja seca en viento porteño. No sé la causa empírica, quizás fueron todos mis pensamientos en ti; a las horas ni las sentí pasar, pero esto ya está marcando lo que se supone es un nuevo día. 

martes, 11 de agosto de 2015

travesía 2015-08-11

El reloj que cuelga de la pared dice, en su estupor habitual, aburrido: "son las seis nueve pe eme". Miro la parte baja de la pantalla, al fondo, yendo hacia la derecha: 18 10. En mi celular alumbran otros números, ahí aparece en grande un 18 al que acompaña, prendido y amoroso, un treinta y 2. No sé que pensar, acaso si soy muy idiota por tener 22 minutos de adelanto en mi único aparato referencial, o que si me guío por él, en teoría, debería estar saliendo de acá. Pero en el mundo real aún me faltan minutos por gastar en este escritorio. No reclamo, no digo eso, me gusta estar acá. Me inclino finalmente, luego de un infinito minuto de reflexión, por la estupidez que carga mi autoimpuesto desfase cronológico.
Ya son las 18:25, he ido entre pestañas y los típicos aburridos programas digitales, aceptando el letargo horrible de un mal computador alimentado con una pésima RAM. Me acostumbré, casi le pillo el ritmo con los dedos, casi casi muevo los papeles de aquí a allá dentro de su melodía lenta y pesada. Un día, de verdad, hice el doble click típico de las 9 am, saqué el cigarro y llegando a la escalera lo prendí, bajé al ritmo de la última canción que alcancé a escuchar al llegar - rasgueo tras rasgueo tras rasgueo - , tomé un trozo de metal y lo medí con la huincha que llevaba en la otra mano. Los números eran los mismos que tenía en la cabeza, todo concordaba. El primer cigarro de la pega me lo trago, así tal cual; son siempre entre 12 o 15 bocanadas con los labios cubriendo el filtro, nunca fueron más. Lo apago a un costado del primer peldaño y, como si fuera la descendencia primate de un canguro, subo de a dos los segmentos. Son todos uniformes, es sólo ritmo y potencia en las piernas. Entonces llego arriba, giro en la puerta y veo la silla. Cierro los ojos, como enamorado de lo que voy a ver, y tomo posición. Lo juro, ese efecto de apertura de la ventana de trabajo calzó perfecto con el de los ojos. Si, una mierda, casi dos minutos para abrir un puto programa es el debacle tecnológico que nunca quise confrontar, pero heme aquí, en gracia, justificándome todo esto con su lentitud. "El computador está re lento, como voy a hacer esa huevada tan rápido". Perfecto.
Son las 18:37 en el computador y en la muralla. Voy atrasadísimo según mi triste celular.
Me voy.

lunes, 10 de agosto de 2015

travesía 2015-08-10

Mira, es todo tan simple en la cuna de la serpiente. Que va para acá, que va para allá, el suelo se agita tal cual se agita ella. Se inclina un poco desde el primer tercio hacia adelante, levantando la mirada, vigilante. Contemplativa, yendo de acá para allá. Es sólo un poco de ritmo en polvo el que hay en la cuna de la serpiente.
Es todo tan complicado en el resto del mundo.
Hoy hice del mundo un pésimo ejemplo de habitación para los niños.
Si, como en una espiral, ciego y ofuscado, fui soltando con fuerza restos de basura mental, psicología barata y bla bla bla. Dije muchas frases que no tenían solidez, palabras de bolsa plástica, las soplé luego que las escucharon y se las llevó el viento.
Hoy te mentí mientras parecía firme, como árbol delator. Tú te sonrojabas mientras te inclinabas. Parecía que te iba a golpear, pero nunca te quise golpear. Yo llevaba la cuenta de las letras que necesitaba para realizar una composición numerada de sones que luego pudiesen ser dispuestos en una plancha de notas musicales con el objeto de ser tocada por una orquesta. Obviamente supuse mal, nunca lograría eso. Estaba embriagado por el tamaño de ciertas partes de tu cuerpo. Yo divagaba entre aires de superioridad y eterno retorno, porque me siento totalmente alejado de lo que alguna vez fui como ser humano.
Es todo tan complejo, asir esta maraña de frases escupidas para armar tribunas de aceptación ya no me parece tan bueno. No soy el niño de ayer en gafas oscuras y chicle en la boca. Me puse viejo, me pesan las reflexiones, tanto como dos grandes bolas de acero cayendo de la entrepierna. Se me notan las canas en la voz, me dices que hay sensualidad en el tono - la la LA! - pero no es más que quejumbrosa pesadez. Es que ya no quiero hablar y cierro la traquea y eso pareciera ser una intensión interesante, pero no. Es paja.
Luego de eso, claro, dejé un rato que el silencio adormeciera toda tu vergüenza. Mientras te miraba como el hombre más seguro de la historia, me zumbaba la cabeza todo el tiempo, era mi culpa quejándose de lo mal que lo estoy haciendo. Yo no niego mi desfachatez, en lo absoluto, pero no merezco el auto tormento que sufro. Para desahogarme te volví a gritar, de seguro lo entendiste de otra manera, pero realmente fue así y no de otra forma.
Soy la carta negra que te sale al final, cuando tienes esperanza aún, pero te topas con el papel oscuro y este tiene veneno. Ese soy yo. Que tonto, yo no debería ser así.
Me fui de ahí, me viste la espalda porque caminé lento. Quería correr pero no me podía la furia. Tenía una tonelada de rabia bajo la ropa, toda hacia mi propio ser interno.
Me culpo por lo poco prolijo que soy. Debo pedirte disculpas y aún no encuentro esas causas.

Voy a encontrar refugio en aquel lugar, allí entre la ropa limpia y el resto de las cosas. Espero no quemarme la punta de la cara.